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miércoles, febrero 14, 2007

Vida y ser


Plenitud y totalidad en el hombre equivalen a vacío y desesperación. Sólo la acción, y por tanto, la incompletud, llevan al sentido y a la vida. Semejante paradoja viene a significar que estar vivo es otro sinónimo de la imposibilidad de alcanzar algo así como la plenitud. Significa que siempre hay algo que completar: luego nunca existe paz ni beatitud.

Y tanto mejor, pues eso es lo propio de lo que está muerto. Que el hombre habite en la imperfección en cuanto que la imperfección y la desigualdad son raíz, y no consecuencia, de la naturaleza humana, significa: que el hecho mismo de alcanzar la plenitud sólo es posible a costa de la felicidad. Porque si la desigualdad y no coincidencia son raíz en el hombre, sólo la desigualdad, nunca por completo desigual, ni nunca por completo superada, será la única ley natural que haga del hombre un ser satisfecho (satisfacción que consiste precisamente en no estar nunca completamente satisfecho ni estar absolutamente insatisfecho).

Lo inerte es feliz. La inconsciencia es feliz. La blancura es el color de lo más puro, de lo sin mezcla, es el color de la muerte..."descansar en paz"; la paz de los muertos. La inmovilidad es propia de la muerte, la movilidad, de lo vivo. Lo móvil cambia; cambio es devenir. Devenir es proceso hacia el ser. Si, por tanto, ser es plenitud y felicidad, el hombre jamás podrá ser feliz, pues él no es, sino que sólo deviene.

Luego vida y ser son opuestos e irreconciliables. Y ser es morir. Es decir, el propio ser de algo es su muerte. Por eso sólo lo inmóvil puede ser. Y no hay nada inmóvil que exista. El ser de una cosa es su propia inexistencia, por oposición a la existencia, su "coseidad". La piedra es, el cielo es. En el ser se disuelven las fronteras entre la vida y la muerte. Deja de importar que se exista. El cielo no existe para sí mismo. Por eso tiene ser. Lo inmóvil se revela como la pura nada, en su silencio, mudo. Y preferentemente incoloro en su blancura sin límite. El ser absoluto es la muerte.

La actividad y el movimiento son una especie disminuida de ser, en ese sentido, y son más ser, en otro sentido, a saber: actividad y movimiento son espejismos de ser. Cuando el hombre hace cosas, "parece" ser. Y sin embargo el hombre no es sino sus actos, si es que acaso puede serlos. Detener la actividad es para el hombre dejar de ser hombre. La vida es entonces algo muy distinto que el ser. El ser puede ser eterno, pero no tiene por qué tener vida. Es más, el absoluto ser es la absoluta plenitud, y por eso, el absoluto vacío, la nada en su totalidad y perfección.

Un ser completo ha de estar profundamente vacío; liberarse de la conciencia, dice la filosofía oriental: el ser total no puede realizar acciones, pues ello sólo puede darse por un acto de necesidad. El Dios de Santo Tomás, que crea por voluntad, es una fantasía. La voluntad tiene que tener un motivo, un fundamento, para no aparecer como puro sinsentido. Hasta el amor tiene una causa concreta y propiciada, aunque sólo sea la necesidad de poder llevar a cabo su mandato. Estar vivo significa ir en proceso, hacia algo. Lo que está en proceso vive sin la plenitud (vacuidad) del ser absoluto. Lo que está en proceso tiene un término. En el hombre, ese término es la muerte. En ese sentido es como el hombre camina hacia la muerte. No puede ser otro su fin, ya que su fin natural es ése. Aquello en lo que termina el proceso de vida del hombre no es una "vida" más "plena" sino la plenitud de plenitudes que es la muerte.

El hombre viaja hacia la muerte y a ése trayecto lo llamamos "vida". Lo "vivo" está siempre fuera de su ser, por eso "existe". No puede existir algo vivo que esté en su ser porque vivir es desplazarse del ser mismo que uno "es". El ser pleno es la muerte a la que retornan todas las cosas vivas del mundo. Lo que nace y perece no tiene ser sino devenir. Su sentido, en consecuencia, está emparentado con el término que lo limita. Y este término viene a ser la muerte, que es aquello que mediante su alteridad con la vida, da relieve a la propia existencia.

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